27 marzo 2016

Con tirabuzón

“Gobierno admite que ejecutiva de la CAMC fue pareja del presidente”, “Ministra Achacollo admite que hubo desvío de fondos en el FONDIOC”, “FAB admite que los aviones chinos no vuelan hace tres años”, “YPFB admite que compró taladros con fallas”, “Quintana admite negocios turbios en Gestión Social de la Presidencia”, “Vicepresidente admite que la justicia apesta”, “Evo admite que Santos Ramírez le mintió”, “Presidente admite corrupción en programa Bolivia cambia, Evo Cumple”, “Álvaro García admite que no tiene títulos universitarios”, “Gobierno admite que….” 

 

Los titulares se repiten cada cierto tiempo... A esto le llamo “confesión con tirabuzón”: hasta que no es de dominio público, el gobierno no revela nada, su proverbial opacidad la protege a cal y canto hasta que la evidencia es demasiado aplastante.

Parece un juego, a veces divertido pero la mayor parte de las veces triste y vergonzoso. El juego transcurre en seis etapas, de esta manera:

1. Aparece en los medios de información o en las redes virtuales una acusación de corrupción, abuso de poder o comportamiento personal indigno de un funcionario público, desde el presidente para abajo.

2. El gobierno niega enfáticamente la veracidad de las denuncias, acusa de vendepatrias, chilenófilos, narcotraficantes o agentes del imperialismo a los denunciantes, y los amenaza con procesos judiciales.

3.  Aparecen pruebas contundentes (videos, documentos, fotografías y testimonios), que respaldan la veracidad de las denuncias, y se difunden ampliamente en las redes virtuales y en los medios dentro y fuera de Bolivia.

4. Personeros del gobierno “admiten” que las denuncias eran ciertas y prometen investigar.

5. El gobierno nombra comisiones de investigación dirigidas por militantes del MAS o le encarga la tarea al contralor, que es interino y también masista.

6. No pasa nada… Nunca sabemos los resultados reales de la investigación, porque aparece otro escándalo que cubre del lodo al anterior.

Llevamos diez años con ese juego que se asemeja a una comedia picaresca, pero como no tenemos memoria de los hechos, siempre le entramos al juego de la cortina de humo como si fuera la primera vez.

Si buscamos en Google la frase “Gobierno admite…” la encontraremos muchas veces. A lo largo del 2015 el titular se repetía constantemente mientras estallaban revelaciones sobre el gigantesco escándalo de corrupción en el Fondo Indígena y la ciudadanía descubría con estupor que las responsabilidades salpicaban hasta los más altos niveles del gobierno. Ahora pasa igual con la CAMC y pasará con muchos más hechos de corrupción alentados desde el propio Palacio de Gobierno gracias a la orientación presidencial de pasarse por el arco licitaciones y auditorías.

El gobierno admite… siempre a regañadientes y con rabia espumosa, que no puede ocultar más, que las cosas eran como se había denunciado. Pero claro, el gobierno admite pero no suelta la prenda completa, lo hace a cuentagotas. Y entonces, ante la falta de transparencia en esta década opaca del régimen de Morales, la ciudadanía tiene que buscar maneras de averiguar por su cuenta, porque el gobierno solamente concede lo que ya es púbico.

La década opaca del gobierno del MAS se ha caracterizado por la falta de limpieza en la gestión de la cosa pública y por ello las denuncias se entrelazan a veces con especulaciones que están fuera de lugar o exageraciones difíciles de probar.  Pero la responsabilidad es del régimen, por no actuar con honestidad y transparencia.

No hay semana que pase sin el estallido de un nuevo escándalo y cada vez los petardos explotan más cerca del supremo líder, antes intocable pero ahora ídolo de barro, que está con la mermelada hasta las orejas. Evo Morales lo sabe, y por eso su lenguaje corporal lo delata: está incómodo, se siente mal en su propio cuerpo. Salvo cuando juega fútbol (casi a diario).
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El único provecho que sacan los embusteros de sus mentiras,
es no ser escuchados cuando dicen verdades.
—Esopo