20 agosto 2017

Nuestro gobierno de derecha

Hace algún tiempo encontré a una amiga, vieja luchadora por los derechos humanos que ha padecido persecución y exilios durante las dictaduras militares, y mientras esperábamos el turno de atención en un banco conversamos sobre lo que todo ciudadano conversa: los escándalos del gobierno y su discurso lleno de contradicciones. Comenté que iba a escribir un artículo titulado “Nuestro gobierno neoliberal” y ella replicó: “los neoliberales por lo menos sabían lo que hacían”.

Por delante revolucionarios, por detrás extractivistas
Cambié el título del texto convencido de que le hacemos un regalo injustificado al gobierno boliviano cada vez que usamos la palabra “izquierda” para calificarlo. Desde cualquier ángulo que analicemos su gestión, veremos que es un régimen autoritario, conservador y de derecha, aunque no quiera admitirlo y a través del conjunto de discursos y relatos oficiales aparente lo contrario.

Si dejamos de lado los discursos machacones, falsos y disonantes del presidente y del vicepresidente, nada indica que una ideología de izquierda caracterice en realidad la orientación política de ambos en cualquier campo de la acción pública. Es puro discurso sin asidero en la realidad.

¿Todavía hay alguien que honestamente crea que el fogoso discurso para parvularios tan elaborado por el vicepresidente y tan simplón (pero más efectivo) del presidente corresponden con la política de desarrollo del régimen?

No se nacionalizó nada, se re-negoció los contratos
El ejemplo paradigmático es sin duda la “nacionalización”, que solo existe en el discurso oficial ya que todos sabemos que no se nacionalizó ni una molécula de gas: lo que se hizo fue renegociar los contratos con las mismas empresas multinacionales en mejores condiciones, como ya se había determinando antes de que Morales asumiera el poder. Una buena negociación, sin duda favorecida por la coyuntura económica que en ese momento presentaba precios altos para el gas.

Las siguientes características esenciales del régimen del MAS me permiten calificarlo como un gobierno de derecha:

Acertada caricatura de Luzbel sobre la "cola de paja" presidencial 
El gobierno tiene una política: a) rentista (bonos) que no genera empleo, b) extractivista y contraria a la madre tierra (concesiones a petroleras y mineras en parques nacionales), c) anti-indígena (TIPNIS), d) no respetuosa de los derechos humanos (se niega a desclasificar los archivos de las dictaduras), e) autoritaria (no dialoga, persigue), f) arbitraria (eliminó mecanismos de transparencia, 67% de los contratos se hacen sin licitación), g) manipuladora (usa los medios públicos para la propaganda de una persona y de un partido), h) caracterizada por la mala gestión de los bienes del Estado (Enatex y otras empresas en quiebra, contratos oscuros como los de Jindal, CAMC y YPFB). 

Nada de lo anterior caracteriza una política “de izquierda”. ¿Qué define a un gobierno de izquierda?

Camión quemado por los propios contrabandistas 
Un gobierno progresista, aunque no fuera de izquierda, protegería la naturaleza, respetaría a los indígenas, crearía empleo, combatiría el contrabando y el narcotráfico, haría una mejor distribución de la riqueza entre los más pobres, lucharía por una educación de calidad (no solo de cantidad), por un sistema de salud digno que evite que los bolivianos con dinero se vayan a tratar sus males al extranjero, por un presupuesto para la justicia que evite el estado lamentable en el que se encuentra ahora. En once años, uno de los gobiernos más largos de nuestra historia republicana, no ha sido capaz de hacerlo.

Lo único que ha sabido hacer Evo Morales es gastar sin ton ni son. La bonanza económica le ha permitido brillar multiplicando obras públicas, carreteras y edificios que luego colapsan, canchas de césped sintético y grandes coliseos, pero en once años no ha cambiado en lo fundamental la estructura social y política del país, a pesar de una Constitución Política del Estado que tiene aspectos innovadores y revolucionarios, pero que, una vez más, se quedó en el papel y es violada cuando así le conviene al régimen, con la complicidad de su brazo legislativo, la Asamblea Plurinacional.

La adoración de su propia imagen
La gran preocupación de este gobierno de derecha parece ser satisfacer la megalomanía de Evo Morales, endiosado por los lambiscones que lo rodean. Eso le permite realizar gastos absurdos con un alto costo para el erario (palacio de gobierno, palacio legislativo, satélite, avión presidencial, aeropuerto de Chimoré, museo de Orinoca, central nuclear y otros caprichos). El gran caudillo inflado por la soberbia, es tan de izquierda como Kim Il-sung y su dinastía de sucesores: de la boca para afuera.

Teatralización presidencial del pasado
Por ello la figura del líder es sobrevalorada con todo tipo de argucias espectaculares, como los disfraces de “Inca” que viste en Tiwanaku en ocasión de sus actos de posesión presidencial, los poemas y canciones de alabanza que los humildes maestros y niños de escuelas públicas están obligados a crear para él, y por supuesto las multimillonarias sumas de dinero público invertidas en los medios de información del Estado para transformarlos en medios cuasi privados, al servicio del endiosamiento de una persona, más que de una ideología o proyecto político.

La influencia de esos medios públicos malversados en función de la transmisión en vivo y en directo de todas las actividades del presidente (inauguraciones, de cualquier cosa, partidos de fútbol, cuatro o cinco discursos diarios), no es menospreciable, puesto que hay muchos lugares en el territorio de la república, donde no llega ninguna otra señal de televisión que no sea la del canal estatal-gubernamental. El proceso creciente de intoxicación de imágenes de la figura presidencial transmitidas a lo largo del día influye sin duda en las decisiones que se toman en instancias locales. Probablemente esa sea la función principal, o la única, que cumple el satélite Tupaj Katari (de cuya propia existencia algunos dudan).

La verdadera pasión del presidente
En los temas de corrupción los funcionarios del régimen han hecho cerco en torno al mandamás para salvar su imagen, dispuestos a sacrificarse si es necesario para preservar la figura del gran líder. Personajes de segunda línea que solamente cumplen órdenes, son “fusibles” descartables en el corto circuito de irregularidades.

Por su proverbial autoritarismo Evo Morales es el máximo responsable del tráfico de influencias y de la corrupción, porque en su nombre y con su venia se hace absolutamente todo, mientras él construye la fachada de que no está al tanto, de que está demasiado ocupado inaugurando escuelitas en algún rincón del país y jugando fútbol todos los días.

(Versión corta publicada en Página Siete, el sábado 1 de julio de 2017)


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El poder es como un violín.
Se toma con la izquierda y se toca con la derecha.

—Eduardo Galeano

15 agosto 2017

La fiera del libro

Se aproxima por los pasillos dispuesta a saltar sobre su presa.  Los ojos le brillan codiciosamente mientras recorre con la vista la oferta de papel y tinta. Sabe que tiene que escoger bien, que no le alcanza el bolsillo ni la vida para leer todo. Acaricia las ediciones al pasar, como diciéndoles “ya volveré por ti”. En un acto casi sexual le da la vuelta a un libro para leerle la espalda y le abre las piernas para oler su costura. Finalmente cae sobre su presa con una mirada devoradora. 

Así es la fiera del libro, un animal de extraordinaria inteligencia y sensibilidad, acostumbrado a alimentar su imaginación con signos impresos sobre papel, que su cerebro decodifica y convierte en imágenes únicas, que nadie más puede recrear. La fiera sabe que cada vez que adquiere un libro se lleva más que un objeto de papel y tinta, se lleva una manera de ver el mundo que ni siquiera es la del autor, sino la suya, diferente a todas las demás. 

En la imaginación febril de la fiera del libro, el galeón español “rodeado de helechos y palmeras, blanco y polvoriento en la silenciosa luz de la mañana…” que de pronto descubre al despertar José Arcadio Buendía no es el mismo galeón que imaginó García Márquez. Cada lector, cada fiera, lo reconstruye a su manera. Cada uno de nosotros es propietario de ese galeón, diferente, especial, único que de pronto de dibuja en nuestra imaginación. Esa es la magia de la lectura cuyo secreto conocen las fieras del libro. 

El juego de palabras me distrae mientras firmo unos pocos libros en la nueva edición de la Feria Internacional del Libro de La Paz, todo un acontecimiento en esta ciudad de pocas y dispersas librerías. Una vez al año, se desmoronan sus muros y dialogan a uno y otro lado del pasillo.  Libreros y editores se abrazan, se interrogan “¿cómo te está yendo?”, mientras no quitan el ojo de las mesas donde las fieras circulan. No vaya a ser que alguna se lleve un libro sin pagar.

En el espacio generoso de Plural Editores
Pensándolo bien, que la gente robe libros para leerlos no es descabellado, y a los autores no les desagrada tanto como a sus editores. Otra cosa es que los roben para venderlos, como quien roba una joyería. Pero si los editores quisieran vigilar mejor sus productos, podrían ponerse de acuerdo con la Cámara del Libro para colocar en la entrada principal al Campo Ferial Chuquiago Marka detectores magnéticos como los que hay en todas las librerías del mundo, en lugar de dañarse el estómago con gastritis o úlceras, con esa ansiedad que dura dos semanas. (Me cuentan que señoras "de buen aspecto" y aparentemente "respetables" fueron pilladas en el momento de llevarse libros sin pagar). 

Confieso que soy de los despistados que publican sus libros en cualquier momento del año, cuando se caen del árbol porque están maduros. No tengo el sentido de la oportunidad, no se me ocurre que un buen momento para estrenar es una feria del libro, pero prometo enmendar ese error.

Con el "Gato" Salazar y su "best seller" sobre el Ché 
En cualquier caso, ahí estuve casi todos los días, ya sea como lector-fiera en busca de algo nuevo, como presentador del escritor homenajeado del año 2017 (mi primo hermano Mariano Baptista Gumucio) o firmando libros en el espacio de Plural, que ha publicado nueve de mis obras gracias a su director José Antonio Quiroga.

Vender palabras es más interesante que vender ropa usada, no solamente porque no hay lugar al regateo sino porque quienes adquieren ese libro están convencidos de que encierra algo mágico y misterioso.

El encuentro con los lectores es una de las experiencias más gratificantes para el escritor. Tengo fresco el recuerdo de las ferias de autores que lanzamos hace cuatro décadas en El Prado junto a René Bascopé, Matilde Casazola, Jaime Nisttahuz, Manuel Vargas y otros amigos. Dos horas bajo el sol dominguero con nuestras rústicas ediciones nos permitían ganar más y mejor, porque al precio se añadía la conversación con los lectores.

En estos cuarenta años de soledad hay más gente en el mundo pero menos lectores proporcionalmente. Se publican más títulos pero gracias a las nuevas técnicas de impresión han disminuido los tirajes y desaparecen las bibliotecas personales. Dicen las estadísticas que las horas dedicadas a la televisión y a los teléfonos “inteligentes” centuplica fácilmente el tiempo dedicado a la lectura.

Si bien hay menos lectores, que lo hay los hay… Son pocos pero valiosos como los personajes del relato de Ray Bradbury que deambulan entre los árboles aprendiendo de memoria los libros que fueron quemados. Por ello conversar con estas fieras del bosque es enriquecedor. Los padres y madres que llevan a sus hijos a las ferias de libros renuevan mi convicción de que la lectura importa.

En estos días tuve varios encuentros estimulantes. Un papá joven se acercó con dos gemelas, realmente idénticas, de unos 9 o 10 años de edad, ambas con gafas que denotan que usan sus ojos para algo más que para ver televisión. ¿Ustedes leen libros?, les pregunté, y respondieron al unísono como si estuvieran coordinadas por un cordón umbilical imaginario, con una sonrisa de orgullo.

Emilio Salgari
Otros niños que venían en busca de poesía me decían que estaban leyendo El principito, hermoso comienzo para quienes quizás no conocen las aventuras vividas por aquel extraordinario escritor y piloto nocturno. Mis primeras lecturas de libros fueron Emilio Salgari, Agatha Christie, Alejandro Dumas, Rex Stout, Earl Stanley Gardener… bastante ecléctico cuando tenía 11 o 12 años. Extraño esas viejas ediciones amarillentas que se fueron extraviando entre traslados voluntarios y exilios forzosos.

Se me acercó también una mujer joven que me pidió dedicarle uno de mis poemarios a su hija. Le pregunté la edad de la niña: “Siete meses”, respondió. Y al ver mi asombro añadió: “Le he leído poesía desde que estaba en mi vientre”. 

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Que otros se jacten de las páginas que han escrito;
a mi me enorgullecen las que he leído.
—Jorge Luis Borges

 (Versión completa del artículo publicado en Página Siete, el sábado 12 de agosto 2017)