14 septiembre 2017

Miedo a los medios

Morales y Trump
El presidente de Estados Unidos Donald Trump y el presidente de Bolivia Evo Morales tienen varios rasgos comunes en su manera de actuar. Ambos son autoritarios y están acostumbrados a decidir sin consultar con sus asesores, ambos disparan frases que a veces entran en los anales de las barbaridades verbales, ambos soslayan la transparencia en la función pública y ambos se han enfrentado a los medios de información de una manera gratuita, innecesaria y que daña su imagen pública.

En días pasados leí el libro Errancias (2011) de mi amigo Óscar Vega Camacho y unas líneas en las primeras páginas captaron mi atención a propósito de los medios de información porque representan, o al menos representaban cuando fueron escritas hace varios años, la mirada que personas afines al llamado “proceso de cambio” tenían de los medios, de los periodistas y de la opinión pública.

Dice Oki Vega: “La opinión pública, aquel insistente cuarto poder de los regímenes democráticos, ha sido desbordada y deslocalizada al poner en evidencia su posicionamiento como medios de comunicación masiva, que responden finalmente a intereses de grandes consorcios transnacionales de empresas de telecomunicaciones y, por lo tanto, son parte importante de la disputa. El eje del debate entre libertad de expresión y medios de comunicación tiene que ser situado con respecto al interés financiero y empresarial transnacional de la comunicación porque de otro modo continuará como un debate que rehúye la situación real y concreta de su funcionamiento”.

No sé cómo ve el autor esas líneas a siete años de haberlas publicado, pero el párrafo me da pie para hacer mis propias “errancias” sobre los medios en Bolivia y el miedo que el gobierno les tiene. Para decirlo de una vez: ese apretado diagnóstico sobre la manipulación de la opinión pública por empresas transnacionales tiene poco que ver con la estructura de poder y medios en nuestro país.

Si consideramos los cuatro sectores de medios (televisión, radio, prensa y redes virtuales), sería muy difícil hacer calzar en la realidad actual ese perfil de grandes empresas mediáticas sin fronteras que influencian a una opinión pública boba.

A nivel latinoamericano, lo más cercano a la dominación mediática multinacional se ha dado con un mexicano que vive en Miami, Ángel González, convertido en accionista mayoritario de canales de televisión, estaciones de radio y diarios en varios países de la región, sobre todo en América Central.

En Bolivia, ya lo sabemos, el gobierno ha comprado a través de palos blancos la mayor parte de los canales de televisión y algunos diarios, además de usar los medios del Estado (públicos) como medios de un partido político, y tener gente pagada para insultar a las voces criticas en las redes virtuales. A los medios independientes se los castiga negándoles la publicidad estatal que en cambio se prodiga a los que hablan bien del régimen. Eso es censura, no hay otra palabra.

¿Se puede decir que hay libertad de prensa? El régimen favorece con recursos del erario a medios cuya función es endiosar al presidente y promover a su partido político. Es el caso del diario gubernamental Cambio, que además de recibir publicidad de instituciones del Estado, tiene un presupuesto del Ministerio de Comunicación. Más grave aún es lo que sucede con Abya Yala, un canal de televisión supuestamente "privado" que es regalo de una potencia extranjera (Irán) a un presidente en ejercicio (Evo Morales) y recibe fondos del Estado para su funcionamiento. ¿No hay conflicto de intereses? Métanle nomás.

Hay una larga historia de periodistas perseguidos que han preferido exiliarse, y otros acosados que han sido obligados a renunciar a los medios en los que trabajaban. Acoso, desprestigio, calumnias infames sin asidero contra los medios independientes.

Las voces disidentes independientes asustan al gobierno más que los partidos de oposición o el imperialismo gringo (con el imperialismo Chino y Ruso se lleva muy bien). Se acosa con temor y resentimiento a voces críticas como la de Pablo Solón y Rafael Archondo, sobre todo porque antes fueron próximos a Evo Morales aunque se dieron cuenta a tiempo de lo que era por dentro este régimen autoritario,  extractivista y corrupto.

El bombardeo publicitario del gobierno, el presupuesto grotesco del Ministerio de Propaganda y el endiosamiento presidencial, no han podido hasta ahora contrarrestar el peso de unas pocas voces independientes. Por eso el gobierno les teme tanto.

(Artículo publicado inicialmente en Página Siete, el sábado 15 de julio de 2017)
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Si algo significa la libertad es el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír.

George Orwell

10 septiembre 2017

El Gordo

Tuve que buscar su nombre de pila porque no recordaba que se llamaba Jorge. Lo conocíamos como el Gordo Mendoza, el periodista más emblemático del Palacio de Gobierno. Fue allí corresponsal de Presencia más de tres décadas y en las fotografías todos los presidentes parecían chiquitos a su lado.

Jorge "Gordo" Mendoza 
Entraba al palacio como Pedro por su casa y desde los Colorados de Bolivia que cuidan la puerta hasta los presidentes que bajaban las escalinatas centrales, todos lo saludaban con familiaridad. En su maletín cargaba la grabadora de casete que era su instrumento de trabajo, con la que recogió tanto tiempo voces que decidían los destinos del país. ¿Dónde estarán esas cintas? Probablemente las borró para poder utilizarlas de nuevo, como hacíamos todos en esa época.

Un día el Gordo desapareció de las fotos y de las calles, y no supe más de él hasta que descubrí hace un año que era mi vecino, vivía en la Torre Zafiro, a media cuadra de mi casa, y solíamos coincidir muy temprano los fines de semana cuando yo salía a trotar y él daba la vuelta a la esquina con un pequeño perro al que sacaba a pasear y a desahogarse.

Lo encontré bien, como siempre sonriente y bonachón, con esa voz que no se alteraba, con el traje gris que le colgaba por todas partes como saco de payaso, demasiado grande para su cuerpo que se había reducido con los años. Probablemente tenía que ajustar su cinturón y hacerle nuevos agujeros para que no se le cayeran los pantalones, pues ya no tenía la enorme panza de antes.  El Gordo era ahora flaco.

Humberto Vacaflor, Gonzalo López Muñoz, Juan Pereda Asbún y Jorge Mendoza
Cada vez que nos veíamos me reclamaba las fotos con dirigentes políticos que habíamos entrevistados juntos, cuando formamos equipo en el programa radial Facetas primero en Radio Cruz del Sur y luego en Radio Stentor, con Humberto Vacaflor, Sandra Aliaga, Minil Ordóñez, Gonzalo López Muñoz, Juan León Cornejo, Luis Minaya y Carlos Arze Castedo, que era el director de orquesta.

Nunca estaba el grupo completo, éramos cuatro o cinco compartiendo el micrófono. Fue una época que recuerdo bien porque me incorporé a Facetas apenas regresé de Francia a fines de 1977. A veces yo hacía comentarios de cine, como la película cuyo estreno causó escándalo: “Emmanuelle, más manoseada que la salida al mar”.

Siles Zuazo, Oscar Eid y otros dirigentes de la UDP
Entrevistamos a Siles Zuazo y a Juan Pereda Asbún, entre otros.  Tengo las fotos que me reclamaba el Gordo y que varias veces compartí con él pero creo que las extraviaba. También conservo fotos de alguna parrillada, probablemente en el jardín de la casa de Gonzalo López Muñoz (director de IPE). Yo nunca aparezco en esas fotos porque era el único que se preocupaba de registrar el momento. 

Según una tesis universitaria de la época, después de la huelga iniciada por las mujeres mineras, que se extendió por el país llegando a sumar dos mil personas, Facetas habría sido uno de los factores que precipitaron la caída de la dictadura.

A principios de este año, en nuestros encuentros matinales nos prometíamos vernos y conversar sobre los viejos tiempos, pero como tantas cosas en la vida eso no se pudo concretar porque a Jorge Mendoza Zegarra se le ocurrió morirse sin avisar el martes 20 de junio de 2017, a la edad de 83 años.

Gonzalo López Muñoz, Juan Pereda Asbún y el Gordo Mendoza
Me enteré recién por el Gato Salazar, otro tupiceño, para quien el Gordo “Era un apasionado cazador de noticias, con un gran olfato para detectar las novedades, sobre todo las grandes ‘pepas’. Si lo veías llegar a la radio o al Café La Paz con una enorme sonrisa, era que había encontrado alguna donde nadie la había visto. Fuimos amigos de juventud, en nuestra natal Tupiza. Lo perdí de vista durante muchos años, hasta que nos reencontramos en La Paz, donde nos hicimos periodistas, él en Altiplano y yo en Fides”.

Mario Castro era director de Radio Altiplano cuando trabajó allí el Gordo haciendo sus primeras armas con el olfato que lo caracterizó siempre. Mario recuerda que ya le decían “el Gordo” desde entonces, por su volumen y quizás también por su carácter bonachón.

La escritora Verónica Ormachea fue corresponsal en el palacio y allí lo conoció: “El Gordo, como casi todos los gordos era bonachón. Él trabajaba en Presencia y yo en  Última Hora. Ambos cubríamos Palacio de Gobierno. Nos veíamos en la Sala de Prensa y él, como viejo lobo de mar, me daba una mano en mi primera experiencia como periodista. De vez en cuando íbamos al Rayito de Luna a tomar un café, el boliche de los periodistas. El Gordo dejó huella. Es inolvidable”.

El Gordo Mendoza y Gonzalo López Muñoz
Sandra Aliaga le guarda cariño y agradecimiento: “Nuestros mundos eran muy distintos pero ¡cómo nos hemos querido!  Facetas fue mi mejor escuela y en ella eras y serás por siempre mi Gordo amado. Te reías de mi ímpetu revolucionario, me llamabas ‘pone bombas’ y creías en mí.  Yo admiraba tu experiencia, aprendí mucho de ti.  Eras el capo de las fuentes militares, policiales y demás uniformados.  Eras un buen cazador de noticias”.

Para Luis Minaya, que también estuvo en el equipo de Facetas: “El Gordo Mendoza fue una figura aparte. Un provinciano bonachón y carismático, que con su sencillez y autenticidad humana les ganaba a todos. Leal al doctor Paz, que lo quería y respetaba por esa autenticidad porque Paz también era un provinciano.  Varias veces el Gordo hizo que yo lo acompañara  a casas donde, por uno u otro motivo, los jefes del MNR estaban recluidos; estos jefes lo recibían de inmediato para preguntarle por las novedades. El Gordo fue un gran patriota, consecuente y colaborador nato con su gente. Fue lo que puede decirse ‘un intelectual orgánico’ de todo lo bueno que en su momento representaba el MNR. El Gordo tenia un instinto enorme para ubicar la noticia. Sin poses intelectuales, porque no las necesitaba, fue un auténtico reportero, la etapa superior del periodista”.

Parrillada entre periodistas 
Uno de los últimos directores de Presencia, Armando Mariaca, recuerda que el Gordo se jubiló un par de años antes del cierre definitivo del diario: “Era buen amigo, buen reportero, dinámico, jovial y respetuoso con todos”.

He pedido estos comentarios especialmente a quienes conocieron de cerca al Gordo Mendoza, porque sé que le hubiera gustado saber lo que los amigos pensábamos de él y que quizás nunca tuvimos la oportunidad de expresarlo de viva voz. 

La memoria de los bolivianos es débil. Nos olvidamos de lo malo y de lo bueno. Algunos hechos históricos permanecen más o menos frescos a fuerza de hablar sobre ellos, pero el recuerdo de muchas personas valiosas se pierde rápidamente. Por ello, este breve tributo al Gordo Mendoza.

(Una versión corta de este texto se publicó en Página Siete, el sábado 26 de agosto de 2017)
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Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias. —Ryszard Kapuscinski